Llego como el llanto inesperado a tus mejillas,
vuelo ante ti,
veo tus ojos ahogarse en lágrimas inútiles,
parece que flotan en el mar de agua saladísima
que es la indiferencia con la que me bendices,
me miras pero no me ves,
mi presencia no cabe en ellos porque sólo detectan
una ausencia pactada de antemano.
Sigo volando ante ti, ya no miras,
ahora quepo en tus ojos
y mis palabras como despojos se suceden
tras el vendaval roto que deshoja otro invierno.
Quepo porque no tengo nada que ofrecer
y tú no tienes porqué mirarme,
como aire dentro de una botella vacía,
soy una trasparencia imperceptible
para tus sentidos en decadencia de mí,
desciéndeme hasta el centro de la tierra
y que el magma venga a liberarme
de este baile eterno al que me obligo
en el purgatorio de tus ojos,
donde quepo porque no me quedo,
porque tal como entro salgo,
donde cumplo la condena mas dura
que cualquier reo pueda acarrear,
donde mi delito será infinito en mi mente
y mortal para mi corazón,
donde sé que nunca te dejaré de amar.
domingo, 4 de mayo de 2008
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