Si un día mi letra se convirtiera en oro,
la sonrisa familiar en aplauso unánime,
el reconocimiento global me hiciera reverencias
y los ojos del mundo asintieran leyéndome,
ese día mi mano emergerá desde el infierno,
besará los diamantes de tus pupilas
y rezará como un beato prófugo
al dios en el que nunca creyó,
para que la mirada diáfana de otros poetas
haga eternos estos versos
en la dolorosa selva de frondosa maleza
donde tantos otros se perdieron fruto del olvido.
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